Una mujer fue la primera valiente víctima en denunciar la mala conducta del agente de policía de San Diego, Anthony Arévalos. Presentó una demanda federal de derechos civiles por un caso de agresión sexual que ocurrió en el baño de un 7-Eleven el 8 de marzo de 2011, después de que la víctima fuera detenida por el agente Arévalos, un agente veterano con 18 años en el Departamento de Policía de San Diego, cuando manejaba por el distrito Gaslight de la ciudad. Como resultado de la denuncia inmediata del delito, el oficial Arévalos fue acusado penalmente y condenado por múltiples delitos que involucraron a múltiples víctimas.
En este caso, el jurado encontró a Arévalos culpable de agresión sexual, solicitud de soborno y asalto con lesiones por parte de un funcionario de la policía, y de delito menor por detención ilegal. La víctima demandó a la ciudad de San Diego, así como al agente Arévalos y a varios de sus supervisores. Parte de la motivación de su demanda fue que nadie más volviera a ser víctima de Arévalos, o de otro agente como él.